¿Por qué la adolescencia es difícil?



Porque nos obliga a cambiar. Y si no cambiamos, perdemos. Y los podemos perder a ellos y que nuestros corazones se alejen.

Creo que eso lo hace difícil.

Porque no solo son los cambios típicos de la etapa: físicos, psicológicos, emocionales, sino el hecho de que ni ellos mismos comprenden del todo qué es lo que les pasa y les es difícil liberarse de la dictadura de sus emociones. Esa incertidumbre sumada a todos los cambios y las hormonas, afecta la manera cómo piensan, se comportan y reaccionan. Sienten que nadie los comprende, menos sus padres. Pareciera que en sus mentes, dar la contra o ser rebeldes es sinónimo de ser más grandes, más adultos, de crecer. Empiezan a cuestionarnos con más ahínco y se empeñan en querer hacer las cosas a su manera.

Pero esa incertidumbre, las hormonas y los cambios nos afectan a todos.

Para nosotros, como padres, es difícil no saber cómo manejar las situaciones y aún así saber que tenemos que manejarlas; no estar seguros y aún así tener que corregirles; saber que nosotros somos los adultos y que debemos llevar las riendas aunque, poco a poco, tener que ir soltándolas. Es difícil aceptar que ya no son 100% niños y tratarlos diferente. Y también ver reflejado en ellos nuestros errores del ayer. Es difícil hacerles entender y –sobre todo- aceptar, que si ponemos reglas, límites y disciplina es por lo mucho que les amamos.



Esta transición de la adolescencia es también para los padres.

Me pregunto ¿Cuán flexible soy? ¿Cuán dispuesta estoy a cambiar? ¿Tendré la sabiduría y criterio suficiente? ¿Podré conectarme con él? ¿Escuchará mis consejos? ¿Confiará en mí?


Mi hijo está entrando a la preadolescencia y yo ya me estoy preparando para cambiar.