Papás y patas


Nunca supe bien como criar a un hijo y hasta ahora no lo sé. Pero una de las grandes cosas que me regaló mi mamá fue la confianza. No sé porque desperdicie tanto tiempo de mi adolescencia en abrirme completamente con ella y contarle lo que sentía. Será que ahora tenemos una cosa más en común: ser mamá. 
Con Gabriel tengo un trato de patas. Sí somos patazas. Tenemos un alto nivel de confianza como para decirnos lo que a cada uno le molesta (a veces enojados) y nos molestamos como sí tuviéramos la misma edad. 
Saben lo divertido que es llevarse así con tu pequeño hijo de dos años y medio? Gabriel sabe que mamá es la que puede ayudarlo en todo, que estará ahí para guiarlo cuando algo no conoce tan bien. Mamá da indicaciones para que las cosas salgan mejor, pero mamá NO es la que manda y la que dice que algo se debe hacer PORQUE ELLA LO DICE. 
No, no soy suave con mi hijo ni tampoco hace lo que quiere. Pero sí respeto mucho su opinión y le doy la seguridad de que también puede hacer las cosas. 
No sé sí es mi por edad (no creo), pero tener gustos tan parecidos con Gabriel me encanta! No sólo conocer tanto lo que le gusta y que él conozca lo mío, sino tener las mismas ganas de crecer felices y juntos. 
Gabriel tiene a papás que lo fastidian y que se dejan fastidiar por él. Tiene unos papás que se ríen de sí mismos y se cochinean entre ellos como sí fueran dos amigos desde el colegio (bueno, eso somos) 
A papá le encanta fastidiar a mamá (en serio, es como uno de sus hobbies) y ahora Gabriel se une a esa chacota que termina con los tres riéndose de todo. 

Mi hijo no nos deja de respetar y también sabe cuando algo no nos gusta y qué es portarse mal. Sabe que hay ciertas reglas de juego pero no deja de ser todo un juego. Estamos llevando una vida divertida y llena de confianza para él.

Somos sus papás, pero también somos sus patas