Mamá, déjame crecer



Mamá, déjame crecer, es lo que me diría mi pequeño de tres si le contara toda la añoranza que me provoca verlo crecer. Son negaciones de madre, lo sé.

Una noche estaba con bastante sueño (como usualmente estoy) y Mate se levantó. Les juro que mi sueño era tal que me costaba abrir los ojos, y Mate solo quería algo de mí que en ese momento yo no podía darle. A regañadientes lo hice dormir y caí rendida. En unas de esas palabras sin sentido dije: ya quiero que crezcas, ya quiero que tengas 16.

A la mañana siguiente estuve pensando en lo que dije y me sentí la peor madre del mundo por haber reaccionado así. Seguramente a ti también te sucede. Dices algo de la boca para afuera y luego te arrepientes.

Y ciertamente me arrepiento porque ahora Mate va a cumplir 3 años. Y crece y crece como la espuma. Cambia y no deja de crecer y se vuelve – aunque no lo crean – más demandante. Hay que estar con los ojos super abiertos porque se trepa, corre, busca, encuentra y lo explora todo. También hay que estar con la boca bien cerrada porque cualquier cosa que digas o si se te escapa algo inapropiado, lo puede usar en tu contra. ¿En qué estaba pensando?

Ya no es el bebé que solía dormir siestas, ya no es el bebé que solía quedarse en un solo sitio o que pedía ser cargado todo el tiempo. Ya no es el bebé que quería todo de mí. Mi bebé está buscando su mini independencia. Mi bebé ya no es un bebé. Y me da mucha nostalgia pero él tiene que crecer.


Últimamente le digo que es mi bebé y él me responde enfáticamente: no, mamá, no soy bebé, soy un chico, un chico bueno. Ciertamente, mi hijo ya no es un bebé ni lo volverá a ser (OMG), él se está volviendo un chico, un chico bueno.