Adiós al colecho



Se podría decir que comencé con el colecho por instinto. No supe ni como se le denomina a la práctica de dormir con tus hijos en la misma cama hasta mucho después de ser mamá. El colecho tiene sus beneficios pero también sus desventajas. Lo practiqué por la simple razón de la comodidad para dar de lactar y, como les cuento, por instinto. Hay personas que están a favor y otras en contra. Yo solo hice lo que creía bien para nosotros como familia.

Pero el tiempo pasó. La cama no se agrandó pero mi pequeño gigante sí. Mamá se puso más gordita y papá dormía literalmente al borde. Aunque era muy rico y reconfortante dormir oliendo el perfume de mi niño y de tenerlo muy cerquita, el dormir con él se volvió muy incómodo y doloroso. Digo doloroso, porque más de una vez papá y yo nos levantábamos con dolores en el rostro por sus certeros puñetazos.

A todo esto súmale el verano, y ¡qué verano nos tocó este 2015! Temperaturas de 30 grados en la noche, sofoco, sudor, puñetes, y el gigante haciéndose más gigante y ninja. Nos dijimos los tres: stop! El colecho ya no estaba funcionando. Era momento que el nene se vaya a su cama y nosotros retornar a la nuestra.

Los defensores me dirán que me rendí y los detractores me dirán que me tardé mucho en pasarlo a su cama. Díganme lo que quieran pero creo que es un tema familiar y no de decisión pública. #avisadostodos

Al principio no fue fácil, pues el niño quería seguir usando la cama de mamá y papá. Pero cierto día paseando por las librerías en nuestra caza de libros mensual, me topé con el cuento: Ana aprende a dormir en su cama de las Psicólogas SOS. Un librito que llegó para iluminarme. Me puse de acuerdo con Papá Caco para juntos superar este reto y todos tener el espacio que nos merecemos.

Como les cuento, no fue fácil. Pero lo primero que hicimos fue explicarle que era el momento de dormir solo, que estaría más cómodo en su espacio y que siempre que nos llame nosotros iríamos a ver qué sucede. Hubo lágrimas pero siempre te consolamos y sobre todo fuimos firmes. Finalmente ya sabe que al llegar la noche, tiene que ir con Doki a tu camita, mamá y papá lo abrazarán hasta que se quede dormido y al levantarse habrá muchos juegos y felicidad.

La clave es la perseverancia, la paciencia y la constancia. Si han decidido decirle adiós al colecho por las razones que crean convenientes, tienen que ser firmes y mantenerse en esa línea pero siempre explicarles el porqué para que ellos entiendan que es lo mejor. También es un trabajo en conjunto, no pueden desautorizarse porque los niños perciben esas dudas y vuelven a cero. Y finalmente traten de quedarse con ellos en su cama hasta que se duerman. Los padres también nos merecemos dormir nuestras horas y estar descansados para nuestro día.


Querida cama, pensé que no diría esto pero ¡te extrañé!

Fuente de imagen: madresyninos.com