Todavía no estamos completos


Antes de tener a Ana Paula, Francisco y yo ya lo habíamos conversado bien, queríamos tener dos hijos seguidos, para que crezcan y jueguen juntos y porque era nuestro deseo, era la forma en que nos veíamos como familia, nunca pensamos en tener sólo uno, lo teníamos todo planeado, pero a veces las cosas no salen como uno las planea, no podemos controlar todo por más que lo intentemos, esa fue nuestra primera lección como padres y nos dimos cuenta que esta tarea de ser padres requería más de nosotros de lo que pensábamos. Por las dificultades que tuvimos que enfrentar con mi hija debido a su nacimiento prematuro, dificultades económicas, de salud y otros, tuvimos que postergar tener otro bebé, luego ya con el tiempo y por lo demandante que es tener que atender a un hijo pequeño, no me veía a mi misma con otro y sin ayuda de nadie, pues aunque mi esposo me da siempre una mano, él trabaja. Las constantes crisis alérgicas de Ana Paula y los apuros económicos, por un momento, nos llevaron incluso a pensar en no tener más hijos, en especial a mi esposo.

Tanto mi esposo como yo hemos crecido rodeados de hermanos, no sabemos lo que es ser hijos únicos, aunque a veces los hermanos pueden sacarte tanto de quicio, cuando eres niño, que muchas veces hubieras querido ser único, bueno eso hasta que se te pasa el enojo y vuelves a buscarlos para jugar o simplemente pasar el rato juntos, cosas de hermanos. Pero un día conversando con mi esposo sobre esto, aunque era más un debate que otra cosa, le digo: ¿Y que pasará con Ana Paula si algún día nosotros no estamos? en nuestro caso tenemos hermanos a quien acudir frente a cualquier cosa, que están pendientes de nosotros, ¿pero ella? ¿se quedará solita? no tendrá a nadie que sea una extensión de nosotros, de su familia. Se quedó pensando por un momento y luego me dio la razón. Creo que porque ambos sabemos por experiencia propia lo que significan los hermanos.

Para mí la conexión entre hermanos es única,  especial; ni los amigos ni los familiares cercanos pueden igualar el vínculo que tengo con mis hermanos, ese sentido de pertenencia, de familia, ellos son mi clan. Con los hermanos creces, aprendes, compartes, peleas, pero pase lo que pase nada puede romper el lazo, es para siempre y entonces esto me hizo pensar en mi hijita, ella aún no tiene hermanos, su papá y yo somos su mundo, sus compañeros de juegos, pero sus padres al fin y al cabo y no es lo mismo, tiene primos pero me doy cuenta que tampoco es lo mismo, tiene amiguitos del nido pero tampoco es lo mismo, e incluso el año pasado a su mejor amiguita del nido a veces le decía “hermana” y ahora ella ya no estará en el nido este año, no es lo mismo.

Ana Paula nunca nos ha pedido un hermanito directamente, hasta hace poco, incluso si le preguntábamos: ¿quieres un hermanito o hermanita? se quedaba callada, pensando, y a nosotros nos causaba un poco de risa, - de repente no quiere perder su reinado, decíamos, pero ahora último puedo notar, aunque no lo dice, cuánto lo anhela, llamando a sus primos hermanos o en ocasiones a alguna amiga también. Una vez me contaba acerca de la hermanita de una amiga de su salón y en un momento hace una pausa y me pregunta: Mamá ¿y mi hermana?...Por un momento me quedé en silencio, - ¿quieres una hermana?, le pregunto,  a lo que me responde: Sí mamá…-Sí mi amor, ya tendrás tu hermanita o hermanito.

¿Queremos tener otro bebé? sí, pero todavía no. Tener un hijo no es una decisión que se toma a la ligera, ni tampoco bajo presión de la gente, que aunque la he tenido nunca me dejo llevar por ella, pero no queremos traer un hijo al mundo y no poder criarlo como es debido, en un momento en el que no tenemos estabilidad, en el que estamos recién ordenando nuestras finanzas y en el que Ana Paula está aprendiendo a ser un poco más independiente, pero aún necesita de mí en muchos aspectos y tener otro bebé sería un volver a empezar. No lo niego, me muero por tener otro bebé, otra personita andando por la casa, otra vocecita que me diga mamá, pero todo a su debido tiempo, no puedo forzar las cosas, tanto mi esposo y yo tenemos que sentirnos listos y tener paz al respecto, pero la ilusión y el deseo están, lo que es una buena señal y un buen comienzo para empezar a prepararnos. De algo si estoy segura y es que mi esposo, mi hija y yo tenemos reservado mucho amor para otro miembro en nuestra familia, mientras tanto esperaré un poco más, hasta el día en que estemos completos.

Para ti, mi segundo bebé:


“Aún no te conozco y ya te extraño, aún no te tengo y te imagino, sé que el destino nos unirá algún día pero aún no sé cuándo, eres mi promesa y la creo. Te he soñado, existes en mis pensamientos y ya hay un sitio en mi corazón para ti. Las circunstancias no las puedo cambiar, el futuro no lo puedo controlar pero mientras tanto te espero, no sé si exista el momento ideal pero sí el tiempo perfecto para nosotros, el tiempo de Dios. “