La vaca debe hacer memoria


Todos de niños tuvimos nuestras mañitas. No comer tunas, detestar los zapatos o tirar el tablero cuando perdíamos. Los niños son angelicales, eso es cierto, pero no son ángeles, y su lado chinchoso-creepy siempre aflora, tarde o temprano.

El otro día, mientras bañaba a Cristina, noté un cambio radical en su rutina. Casi siempre se había dejado lavar la frondosa matita de pelo que tiene con mucha diversión. Pero estos últimamente, uf, qué espanto. Grita peor que cabra que van a trasquilar. Debo tener sumo, sumísimo cuidado para que el shampoo no toque sus ojos ni con el pétalo de una burbuja.

El segundo drama es el del peinado. Se convierte en Mascaly la Inmortal cuando ve el cepillo fucsia de Minnie que uso para peinarla. Qué barbaridad. Imagino que le duele, no es fácil convivir con sus semejantes rulos, pero no puedo enviarla al nido con la cabeza de la modelo morena de Saga (ver último catálogo). No hay forma.

Hoy, mientras almorzaba, recordé que de niña yo era igual. Lavarme el pelo era purgar condena, y peinarme, ni se diga (eso que yo no tenía su pelo). Cuando crecí, la cosa empeoró: no podía ir al nido si no tenía puestas mis medias de blonditas y mis botines rosados de gamuza.

Acuérdate, vaca Majo, de cuando fuiste ternera, y no le pidas a tu hija paz sacramental si tú sabes que en este momento de calor, sopor, sueño y cansancio mental (el nido no es poca cosa, ojo) la vida se complica un poco. Como siempre digo #deboaplicarmelalección, empatía.

¿Soluciones? ¿Esconder el cepillo fucsia hasta que acabe el calor? Ñangas. Haré la prueba haciendo un pre-peinado en la noche, así despierta al menos con la raya hecha y ya solo habrá que cepillar un poco, o nada. O mejor aún, la haré dormir con la crema de pelo puesta.

Ya les contaré cómo me va. Creo, además, que debo seguir observando los detonantes de las pataletillas de mi niña. Puede que vuelva a reconocer mis genes bandidos ahí, o simplemente sea cuestión de conversar con ella y de llegar a un acuerdo madre-hija. 

Deséenme suerte.