Un tercer hijo: ¿se puede?

Cuando nació mi primer hijo recibí felicitaciones por todas partes. Me deseaban mucho éxito, me hablaban de lo maravillosa que es la vida con hijos y similar. Claro, no faltaron los aguafiestas que me auguraron noches de terror por el resto de mis días y me contaron las más tristes historias de muertes súbitas y nanas de espanto. Cuando nació mi segunda hija, también; recibí miles de felicitaciones, regalos y demás. Además, mi hija la segunda me agarro inmune a los comentarios asustadores y a las historias de terror, sin contar que ya era una experta en cambiar pañales, dar teta de madrugada y funcionar como un zombie durante el día.

Cuando nació mi 3era hija las felicitaciones empezaron a escasear y en su lugar aparecieron preguntas y comentarios tipo: ¡¡¿Estás embarazada de nuevo?!! ¿Estás loca? ¿Eres del Opus Dei?! ¡Eres una salvaje! ¡¿Cuántos vas a tener?! O ¡Compren un televisor! Y algunos más bárbaros, del tipo: ¿supongo que este será el último hijo, no? ... Si supieran que secretamente anhelo un cuarto.


Cuándo los comentarios venían de amigas de confianza me reía y seguía la corriente, pero cuándo no. Me sentía vulnerada; sobre todo porque muchos eran del tipo: “ahora van a ver lo que es bueno, ¡tres! Ya los voy a ver”; “Te vas a volver loca, no vas a poder”. “Ahora sí te fregaste, no vas a jalar”. ¿Me estaban amenazando?  Nada de felicitaciones, nada de buenos augurios, sólo críticas y comentarios sarcásticos.

Lo cierto es que sí, un 3er hijo es más chamba (obvio) y también implica un cambio de logística cuando, como en mi caso, son todos seguidos (El mayor y la segunda se llevan 2 años exactos y la segunda y la 3era 1 año y 7 meses). Tuve que cambiar de carro: una camioneta con 3 hileras de asientos para poder entrar con car seats, nanas y coches; tuve que meter a mis dos hijos mayores a un cuarto para que la bebé duerma sola porque obvio se levanta (hasta ahora 8 meses más tarde) y por supuesto, ni hablar del desgaste físico y sobre todo emocional que implica tener que dedicar atención y calidad de tiempo a 3 pequeños. Sin contar que en el ínterin hay que lidiar con los celos de los dos mayores, las mil cosas que trae el organizar una casa (yescribir un blog) y el cansancio que se eleva a la exponencial cuando tienes a tres pequeños.

Pero, si algo bueno tiene el tercer hijo es que te coge ya experta, prácticamente inmune a las “advertencias”. Te coge, segura, fuerte y sin preocupaciones bobas y culpas por pasar menos tiempo con los que llegaron primero. Ya no más mamá torturada porque destronaron al mayor y se muere de celos, no más mamá culpable porque no le puede dedicar tanto tiempo a la nueva bebé como se lo dedicó al mayor o a la segunda, bienvenida mamá plena que sabe que es una chamba díficil, que se va a partir en tres y así y todo nunca será suficiente. Mamá tranquila que goza con los momentos únicos que tiene con cada uno de sus hijos, una mamá que se raja y sabe que incluso cuando se raja, no todo va a salir como quiere. Una mamá que disfruta a mil los momentos con sus hijos, una mamá que aprendió a organizarse y distribuirse para tres.

¿Se puede? Claro que se puede. ¿Es fácil? No, no lo es  ¿Me estoy volviendo loca? Creo que ya estaba loca antes, así que no va por ahí. jajaja ¿Lo mejor? Una bebé segura, alegre, sin complejos, risueña y juguetona que sabe que su mamá la ama y adora aunque no pueda estar físicamente con ella tanto como las dos quisieran.