¿Qué se queden chiquitos para protegerlos?

A propósito del primer campamento del colegio de mi hijo mayor, a una amiga le entró la nostalgia y me dijo: "cómo no se quedaran chiquitos para protegerlos".





No pude evitar ponerme a pensar en esto y si ése era también mi deseo. En parte y en distintas medidas, creo que todos los papás pensamos esto alguna vez. Pero ahora, que mi hijo va a cumplir 9 dentro de poco, mi mayor anhelo es... ¡que me escuche!





A mí y a su papá. Que nos escuche y aprenda. Que nos escuche y preste atención. Que nos escuche y lo tome para su vida.



Cómo quisiera transferirle mis aprendizajes para que tome buenas decisiones. Ése es mi deseo, que tome las mejores decisiones para su vida. Lo mismo para la pequeña.



Es obvio que los padres no queremos que nuestros hijos sufran, pero es contraproducente y hasta perjudicial intervenir para evitarles cualquier sufrimiento y dificultad. Ellos tienen que vivir, experimentar y sufrir para aprender y madurar, para ser mejores personas, para ser felices.



Creo que los padres enseñamos, corregimos, formamos, damos ejemplo y les hablamos, hablamos y hablamos, con la esperanza de que nos escuchen y lo asimilen para sus vidas. Si ellos lo hacen, se evitarán muchos problemas, pero no siempre sucede. Y como padres debemos estar listos para aceptar eso y amarlos igual.



Ahhh! Es duro. Es duro y a veces atemorizante, verlos crecer y darnos cuenta que sus propias decisiones van mucho más allá de elegir su ropa, juguetes, programa de tv o plato de comida. Crecen y ahora se trata de que sean honestos, respetuosos con la autoridad y el prójimo, ah! y con los límites también. Papá y mamá ya no están para hacer respetar los límites que sabemos son buenos para ellos. Ahora se trata de que ellos hayan entendido y asimilado que los límites son buenos para ellos, y que no les gane las ganas de transgredirlos porque, la verdad, eso nos pasa a todos. Y si lo hacen, que aprendan a aceptar las consecuencias. Lo ideal sería que midan bien las consecuencias antes. Pero, aceptémoslo padres, eso recién llega con la madurez (y a veces ni llega).



Mi Joaquín no está solo. Están los profesores y los consejeros. Pero no estamos nosotros. De hecho que eso le da una sensación de independencia refrescante y espero que aleccionadora, porque podrá comprobar que muchas de las cosas que su papá y yo le decimos tienen una razón. Eso creo que es muy bueno, porque tiene la posibilidad de aprender el valor de las reglas y límites en un ambiente con ciertas libertades pero con control no ejercido por nosotros.



Espero que regrese a casa sedita... jajaja