No "tenemos que" leer



Mi abuelito siempre ha sido una persona exigente. Tenía un carácter bastante particular y era muy estricto en temas de educación. Por lo menos, conmigo lo fue. Quería que sea la mejor en todo y a la vez renegaba por mi espíritu rebelde y alocado.

Me acuerdo cuando me sentaba horas y horas a leer. “Tienes que leer”, me decía. Por suerte, a mí me gustaba hacerlo. Pero tras esa orden de “tienes que leer” se estaba cortando uno de mis derechos  como lector. Así como mi abuelito, muchas personas cometen ese error sin saberlo. Les cortan los derechos a los niños como lector sin querer hacerlo.

Ahora, imagina, que te sirvan todos los días tu plato de comida menos favorito. Podrías estar horas y horas mirando el plato y sin querer hacer el mínimo esfuerzo por comer; es más, puede ser que le agarres tanta cólera a esa comida que más adelante no solo te disguste sino que te traerá malos recuerdos. Lo mismo pasa con la lectura.

Mientras presentemos a la lectura como un castigo, o como arduo trabajo, o como la última salida para librarnos de algo, jamás será bien recibida y menos llevada a cabo. ¿A quién le gusta hacer algo por exigencia? Por el contrario, más nos rehusamos para hacerlo.

Mientras más niños cuenten con sus derechos como lector, habrá futuros padres que sepan guiar a sus hijos y enseñarles lo hermoso que es leer sin necesidad de someterlos a los “tienes que leer”.

Navegando por internet me topé con estos 10 derechos que toda persona tiene como lector:

Los diez derechos del lector por Daniel Pennac
El derecho de no leer un libro.
El derecho de saltar las páginas.
El derecho de no terminar un libro.
El derecho de releer.
El derecho de leer lo que sea.
El derecho al Bovaryismo (enfermedad textual transmisible).
El derecho de leer donde sea.
El derecho de buscar libros, abrirlos en donde sea y leer un pedazo.
El derecho de leer en voz alta.
El derecho de callarse.

Recuerden que leer debe ser un placer y no una obligación.


Besos,