Lo que nadie me dijo de los dos años... y medio!

Mi hijo ha cumplido hace unos días dos años y medio y muchas cosas han cambiado los últimos meses o mejor dicho, las últimas semanas... 

Ahora llora (más con bulla que con lágrimas, es decir teatrero total) porque acabó el programa que estaba viendo,  porque le dije que le voy a dar su comida cuando él quiere jugar o porque la Ramona (mi perrita) pasó por encima de los juguetes que el mismo dejó tirados en el suelo. Intenta hacer berrinches porque quiere comer dulce antes del almuerzo, porque mamá está almorzando y no jugando o porque tuvimos que regresar del parque después de dos horas. Está más irritable, más enojón, más inquieto, más desobediente, más contreras, más respondón, más “no”, más el, más mío y la lista de “más” podría continuar...

Han sido días difíciles, días en los que he llorado por no saber cómo lidiar con él,  sin saber por dónde empezar o que decir. Días en los que he gritado y en los que he querido hacer la misma pataleta que el  (y días en las que la he hecho). Días en los que he pensado: Dios en que me metí y ¡quiero tener otro! ¿me estoy volviendo loca? (y días en los que he creído que ya lo estaba). Días en los que no he querido levantarme de la cama por no querer empezar a tratar de hacer que se coma la comida sin poner peros o encontrarle pelitos donde no hay o simplemente porque no tenía fuerzas para razonar con el. Días en los que sólo quería tirar la toalla y salir de vacaciones.

Pero después de haberme dado cuenta que eso es casi un imposible, me puse a leer sobre los dos años y a investigar un poco más y entendí que si bien es cierto, todos me han dicho siempre que son la edad de los berrinches, las pataletas, los gritos desmedidos y los llantos sin justificación, lo que nadie me dijo de los dos años y medio fue que TODO su pequeño mundo está cambiando también. Han empezado a sentir frustración, que es un sentimiento que desconocían por completo y que no figura en la lista que les enseñamos desde pequeños (estoy feliz, triste, asustado, nervioso, emocionado etc) y no saben como manejarlo.

Empiezan a querer hacer más cosas y no pueden, ya sea porque sus habilidades motoras no están desarrolladas por completo, porque son más conscientes de que algo no les salió y pierden la paciencia con facilidad o porque los padres esperamos mucho más de ellos de lo que son capaces de dar. Además, están pasando del llanto a la comunicación verbal, cuando aún recién están aprendiendo a hacerlo, entonces para ellos es un poco difícil no llorar cuando quieren algo, si tenemos en cuenta que hasta hace poco, todo lo que necesitaban como comer, cambiarse de pañal, dormir o lo que fuere, lo obtenían llorando, entonces todos esos cambios son difíciles para ellos al principio. Sin contar que ahora empezamos a corregirlos, a ponerles límites, a no dejarlos hacer muchas cosas porque son peligrosas, malas, o porque simplemente no están bien. 

Entonces descubrí que esta edad es difícil no sólo para nosotras que tenemos que aprender a lidiar con todo esto y a encaminarlos de la mejor manera, sino sobre todo para ellos que son quienes lo viven directamente. No existe una receta perfecta para sobrellevar los dos años, sólo sé que se necesita de un ingrediente que es fundamental (y que es justamente el que no encontré en el supermercado las últimas semanas) ¡La Paciencia! kilos de kilos extra de paciencia, en el desayuno, almuerzo, cena y si es posible debajo de la almohada también. 

Durante semanas he estado angustiada por el cambio de comportamiento de mi hijo, jalandome los pelos por como es y como era antes, preguntándome si estoy haciendo o no bien las cosas, si tal vez es mi culpa, pero ahora sé que ni yo estoy mal, ni el está mal, estos cambios son parte del proceso natural de crecimiento, TIENE que pasar por ellos y a mi sólo me queda saber que necesita a su madre cuerda y tranquila para explicarle qué es lo que está bien y que no y enseñarle que no todo puede darse en el momento que quiere porque lo quiere (y rezar en silencio para que esta etapa pase muy rapidito)

Pero también tengo que ser justa, no todo es malo en esta etapa, también se ha vuelto más cariñoso, más tierno, más abrazador, más niño, más hijo, más compañía, más cómplice, más halagador, más mío.

Y es que, con lo bueno y lo malo, esta es una etapa de las muchas que tendremos que pasar juntos, en la que nuestros hijos necesitan todo de nosotros, nuestra tolerancia, nuestra paciencia y especialmente todo nuestro amor y comprensión. Todos hemos pasado frustraciones a lo largo de nuestra vida y sabemos lo que se siente y es eso mismo lo que sienten ellos ahorita, tenemos que enseñarles desde pequeños a afrontarlo de la mejor manera, es parte de la maravilla de ser padres.




 Un beso grande!