Jose Ignacio: La Historia de Un Sobreviviente

Recuerdo ese día como si fuese ayer. Yo tan desesperada porque todo comience (algo tan típico de mi), con tantas ganas de pasar ese momento de una vez y emprender una aventura más de lado de mi más grande compañero. Mi compañero. Tan sólo 3 años antes nos conocimos de casualidad (todas las cosas espectaculares son de “casualidad”) y no paramos de caminar juntos hasta el día de hoy. Que cosa maravillosa que es la vida que te da sin que le pidas.
En fin, tomados de la mano cada uno con la cara de signo de interrogación propia de novatos en ese tipo de situaciones. Pasaron 3 largos días sin respuesta alguna. Tres días en una cama que no es la mía, sin mis almohadas…Hoy sonrío recordando mis quejas tan “poco importantes”, sin saber qué se venía. Como no podía se diferente, nosotros siempre complicándonos la vida, nos vimos las caras luego de un esfuerzo compartido. Sólo te imagino preguntándote qué haces aquí y quiénes son estas personas tan extrañas.
Otro recuerdo que tengo fijo e inamovible en la memoria es su voz. La primera vez que escuché tu voz. Ese momento debió tener de soundtrack “Here Comes the Sun”. Creo que no podría compararlo con nada, pero si intentase hacerlo, sería esas ganas de sonreír de llorar, cuando mi compañero y yo, agarrados de la mano como siempre, volteamos a ver a nuestra familia y amigos luego de que el cura diga eso de “los declaro marido y mujer”. Su voz fue ese suspiro de “uffff…la hice!”, mi 12 en Contabilidad de Costos cuando me iba por 11; Escuchar su voz fue un disparo de emoción y gratitud directo al corazón. Escuchar su voz fue comenzar a vivir.
Días más tarde partimos con la pandilla habiendo crecido en número de integrantes.
No puedo contar cuántas veces me equivoqué, debí ver más películas quizás, pero en ninguna nos dicen que no se duerme, que oleremos a vómito y leche, que ninguna pijama estará seca, que en el momento en el que por fin pueda dormir no podré porque ya estoy demasiado cansada para hacerlo…Nadie me dijo. Esa siempre será mi disculpa hacia ti. Nadie me dijo que mi cerebro no podría concebir que alguien más lo hiciera dormir, que no podría con la idea de pasar una noche separados aunque sea por unos metros de distancia. Nadie me dijo que crecerías tan rápido.
No sé si lo hice bien todo este tiempo, pero lo intenté. De eso puedo estar segura.
Hoy lo veo tan grande, tan independiente. Veo que no le cuesta despedirse de mi (o de nadie) y que espera casi con ansias comerse el mundo. Hasta hace nada me veía echada en el piso filmando sus intentos de avanzar solo, hoy quisiera que aún pidiera mi mano para avanzar un paso.
El tiempo vuela. Y todas las canciones medio nostálgicas donde se menciona que el tiempo no es justo, comienzan a tener sentido.
Es perfecto. Eres perfecto. No podría pedir nunca nada más. Verlo correr y reírse es trasladarme a un mundo paralelo en donde todo gira entorno a él y nada más importa. La vida me ha dado mucho más de lo que pensé que podría llegar a tener. No necesito nada más. No podría pedir nunca nada más.
Ha pasado un año mi querido sobreviviente, lo pasaste con honores. Te graduaste superando cualquier expectativa. Sobreviviste a esta madre que de seguro pudo tocarte una mejor. Sobreviviste a mis crisis existenciales y a mis abrazos casi agobiantes de amor infinito. Sobreviviste a mis cambios de ropa y de medias porque sentía que te apretaban mucho las piernas. Sobreviviste a mis cambiadas de pañal en la madrugada y a nuestras competencias de llanto (yo gané siempre, no?). Sobreviviste. Estoy tan orgullosa.
Un año después juntos en esta pandilla de tres he aprendido 3 cosas que espero lleves contigo:
1.- La familia es lo primero. Lo mejor. Lo más perfecto. Es tu apoyo, tu centro. El secreto para ser feliz, es hacer feliz a tu familia.
2.- La casa es un hogar cuando estás tú. Cuando veo tus juguetes en el salón, siento paz. Cuando mi cama está llena de tu ropa, todo tiene sentido. Tú transformaste mi casa en un hogar hijo.
3.- Eres lo mejor que pudo pasarnos a mi y a tu papá. Si con conocerlo pensé que ya había tenido demasiada suerte, pues tenerte me hizo sentir que lo puedo todo. Ustedes son mi vida entera. Tengo la certeza que jamás he sido más feliz que en este preciso instante.
Es un año en el que somos cómplices los tres en esta maravillosa aventura. Y por más que quiera retenerte y que te quedes de este tamaño por el resto de nuestros días, no hay nada más que disfrute en el mundo que verte crecer. Eres mi película favorita, mi canción en el auto manejando hasta la playa, mi amanecer con sol un día de diciembre.
Gracias por todo lo que me has dado a tus cortos 12 meses. Me lo has dado todo.
Déjame darte algo con mi 30 años. Aquí van mis consejos:
1.- Sé bueno. Cuesta. Pero sé bueno. A veces la gente no sabrá apreciarlo, a veces te juzgaran por serlo. Pero sé bueno.
2.- Ama profundamente. No te guardes nada. No tengas miedo de salir herido. Ama a tus amigos, a tus padres, a tu esposa. No tengas reparos en decirles todos los días cuántos los quieres.
3.- Sé agradecido. Lo entenderás aún más cuando seas padre. Entenderás que la vida te ha dado algo que sin duda no te merecías. Y desde ese entonces vas a vivir tu vida intentando devolverle a los demás un poco de esa alegría desbordante que te acompaña.
4.- Si tienes, da. La vida se encargará de devolverte lo que te corresponde. Pero si tienes, da. Ayuda siempre a las personas a tu alrededor, no sabes cuándo los papales se invertirán y siempre es bueno tener a alguien que pueda tenderte una mano.
5.- Sé feliz. No sólo por ti. Si no también por los demás. Sonríe, disfruta, vive. No te acuestes pensando que pudiste abrazar más, reír más. Sé feliz de una manera intensa. Incomodarás a otros, por supuesto, pero en este mundo no nacimos bañados en oro como para gustarle a todos. Tu sólo preocúpate por ser feliz.
Te amo hijo. Te amo con el amor más puro que conozco. No con el amor de diccionario, si no con los amores que me contaba mi abuela en historias. Me encantaría decirte lo que suelen decir todos….”eres una parte de mi”…pero la realidad es que siento que es todo lo contrario…Yo soy una parte de ti. Tú eres el todo.


        mi pequeño sobreviviente
Feliz cumpleaños mi amor. Mi vida. Hijito mío.