Cuando la crianza es a dos [Papá y Mamá en acción]

Recuerdo que empecé esta aventura de la maternidad con las tantas “ideas de base” que tiene mucha gente sobre cómo se debe cuidar a un bebé. Recuerdo específicamente una de las primeras noches, durante la primera semana ya en casa, que estaba agotada, frustrada. Estaba cansada, eran las 2am y mi gorda no dormía. Le pedía que descanse, para yo poder descansar y me sentía mal de pedirle eso pues sentía que era un deseo egoísta de mi parte y fue la primera y única vez que pensé “¿seré una mala madre?”.
¿Que pasaba? Yo estaba siguiendo las consignas que uno ve en la televisión, que ve en las fotos de revistas, que escucha de terceros. Estaba sentada al borde de mi cama dandole pecho a mi bebé, sin ayudarme de una almohada de lactancia, con la espalda encorvada y a media luz. ¿Como no iba a cansarme, a dolerme el cuerpo, a sentirme tan mal?! Recuerdo que le pedí a mi esposo que sostenga a Eva un segundo mientras yo iba al baño a tomar aire, lavarme la cara y soltar algo del estrés que sentía. El no se había dado cuenta del malestar que sentía hasta que le hablé, hasta que sintió la frustración en mi voz y me dijo “No entiendo, ¿porque no le das pecho echada como en la maternidad?” Fue la luz al final del túnel. Tenía tanta razón. ¿Porque no le daba pecho echada? Sabia que existía esa posición desde mi embarazo, tomé esa posición en la maternidad una noche durante nuestra estadía, sabia como hacerlo…y aun así mi cerebro se puso en “off” y una vez en casa hacia todo lo contrario.
Luego de eso me eché. Puse una almohada bajo mi espalda para que me sirva de apoyo, me puse de costado y mi esposo colocó a Eva a mi lado para amamantar. Nos quedamos dormidas las dos. El para no incomodar se fue a dormir al sofá cama que teníamos.
Cuando desperté me sentía descansada. Mi princesa abrió los ojos y al verme me dio una sonrisa enorme de buenos días. Mi esposo durmió de largo y tranquilo. ¡Que diferencia a la noche anterior!Desde esa noche colechamos. Poco a poco agarramos confianza y mi esposo dejó el sofá cama y vino a dormir con nosotras [siempre hay un temor al principio. ¿La aplastaré? ¿Se caerá? Pero empezamos a informarnos sobre las reglas de seguridad a tener en cuenta y ganamos mas tranquilidad…ver post aquí].
dos.001
Luego recuerdo que, en un inicio, mi gorda tenía sesiones maratónicas de pecho. Podía estar prendida durante una hora al pecho y luego soltarlo para ver su cara de borrachita feliz y dormir tranquila. Recuerdo que durante el primer control mensual de mi gorda la pediatra me dijo que no debía estar tanto tiempo prendida a mi pecho y cuando preguntó cuantas tomas hacia al día [dije unas 12 creo] me increpó que era mucho, que debían ser 7 u 8 y que en lugar de proponer el pecho la distraiga lo mas posible para disminuir las tomas. ¡Que difícil fue hacerle caso! Regresamos a casa preocupados. ¿Lo estaremos haciendo mal? Cuando Eva se inquietó horas después de regresar del control, en lugar de amamantar quisimos pasearla, distraerla como nos dijo la doctora pero se impacientaba y terminaba dandole pecho igual. Creo que intentamos seguir el consejo unas 3 veces y al tercer intento fallido nos miramos y dijimos “Pero ¿que estamos haciendo? Si quiere teta ¡le daremos teta! ¿Que ganamos haciéndola esperar? Proponle y si no quiere jugamos pero no hagamos lo contrario”. Desde ese día cambiamos de pediatra y nunca más hice esperar a mi hija.
Algo que es importante saber es que desde el embarazo mi esposo y yo nos conectamos de una manera nueva para los dos. Aprendimos [y seguimos aprendiendo] a conectarnos como padres. El siguió la preparación al parto conmigo, aprendió mucho sobre lactancia materna [escuchó muy atento todo lo que le contaba que iba leyendo y aprendiendo por mi parte], leyó libros de paternidad y buscaba información sobre los primeros cuidados de bebés. Entonces conversar de lo que me podía aquejar era fácil pues no eran temas muy desconocidos para él. Creo que de no haber sido por él yo estaría aun con dolor de espalda por amamantar de noche sentada, obligándome a no cerrar los ojos y esperar que mi hija duerma para colocarla en su cuna, o tal vez estando sola en casa seguiría alargando los tiempos entre cada toma pensando que es lo mejor para mi bebé porque un doctor lo dijo.
Luego de esos pequeños “tropiezos”, empezamos a organizarnos para satisfacer las necesidades de nuestra pequeña sin olvidar las nuestras. 
Mi esposo me regaló un sillón con un reposa pies y yo compré una almohada de lactancia. En las tardes, mientras él nos preparaba algo de comer, yo me acomodaba en el sillón con la almohada. Mientras que mi gorda tomaba pecho, yo tomaba un jugo de frutas. Nos mirábamos [amo contemplarla] y cuando se quedaba dormida la dejaba dormir sobre mi barriga mientras mi esposo y yo veíamos alguna serie o conversábamos.
andrea.001
A la hora del baño, empecé a bañarla conmigo en la bañera, ella pasó de solo estar apoyada sobre mi, a patalear y chapotear en el agua conmigo agarrándola para que no se caiga ni resbale. Así ni mi espalda ni mis rodillas sufrían y yo aprovechaba para bañarme también. Mi esposo la secaba y cambiaba mientras yo salía de la ducha y me ponía mi pijama [algo que hasta ahora no dejamos de hacer]. Para dormir, compramos una cama más grande para descansar los tres más cómodos.
eva.001
beny.001
Y así, poco a poco, nos dejamos llevar por esta aventura, sin nadar contra corriente, escuchando a nuestra bebé, escuchándonos nosotros. Y esto nos está funcionando bien.
Debo remarcar que la comunicación de pareja es clave. Sola, yo no hubiera podido dejarme llevar plena y confiadamente por mis instintos. Tuve el apoyo de mi esposo y con eso tuve seguridad y tranquilidad que lo estábamos haciendo bien. Tanto la concepción como la crianza es de a dos. Y claro, cada vez que vemos a nuestra pequeña, ella nos confirma con una sonrisa todo el amor que le tenemos y brindamos.
Moraleja: Mucha paciencia, amor y comunicación. Sigan sus instintos, conversen con sus parejas, con su familia. Que la ayuda que ofrezcan sea con tareas en la casa para que puedan conectarse y disfrutar de sus bebés.
Andrea Ampuero de Mamá en Pañales Blog