Correr para vivir… o vivir para correr


Corre, Lola, corre

Ayer me tocó acupuntura. Mi querida Esther Martínez, ya saben. Como no me pone una aguja en la boca, suelo ser una especie de faquir parlante. “Sí, estoy metida en muchas cosas”, le dije. “Pero en diciembre me libero de algunas, así que empezaré el año más tranquila”. Esther me cortó: “No, eso no ocurrirá. Encontrarás algo más en lo cual meterte. A mí también me encanta meterme en líos, por eso lo sé”.

Bien ahí. ¡Alguien más que disfruta de complicarse la vida! Bueno, todo tiene su justo medio, pero es cierto que ni siquiera tolero llevar una vida sin diez cosas que hacer a la vez: tareas domésticas, trabajo de oficina, traslado de Cris de aquí para allá y de allá para acá, cocina, baile con mi hija, organización de lonche/desayuno/brunch, clases, blog, libro, freelo, etcétera y etcétera. ¿Será que el día tiene más de 24 horas y soy la única que se ha dado cuenta?
No, querida lectora, no estás loca. La loca soy yo. Ya te he contado en algún post que tengo un poco más de adrenalina que los comunes mortales que me rodean. En principio, podría parecer muy bueno esto de ser multifunción. Sin embargo, en muchas ocasiones resulta agobiante e incluso frustrante, cuando descubres que las pelotitas del malabar se te van cayendo de las manos y cada vez se hace más difícil seguir con la maniobra.
Por eso, si de pura casualidad eres como yo, sé realista: no cambiarás. Lo que sí puedes hacer es controlarte y sopesar. Si vas a gastarte haciendo muchas cosas, que estas valgan la pena. Que no sean una pérdida de tiempo, que te relajen, que no signifiquen un estrés en tu vida.
Se dice fácil, ¿no? ¡Pero hay tanto por hacer! Mira, yo lo he intentado y la verdad, me ha costado poner stop. Sin embargo, siento que poco a poco voy organizando mi desorganización y los líos se convierten en aventuras.
Correr para vivir. Para que se vivifique el alma. Nomás que no te olvides tu agenda, lapicero y alarma del reloj. Notarás la diferencia.
¡Un abrazo!