A cocachos.... sigo aprendiendo



¿Alguna vez han escuchado este poema hecho por Nicomedes de Santa cruz? Habla muchísimo  sobre del tipo niñez que tuve. Pero hay algo que no ha cambiado es que aún sigo aprendiendo y muchas veces tiene que doler.

La semana pasada, perdimos repentinamente a un tío muy amado. Me dolió muchísima su partida, pero más dolió estar lejos de mi familia. En un momento me molesté mucho conmigo misma, con Dios y  es por todas las cosas, no tan gratas, que nos han venido pasando desde finales del año pasado. Lo tomé muy personal, porque sentía que Dios me estaba probando la paciencia y no entendía que cosa quiere que aprenda. 

Hablando con mis padres, pude escuchar los comentarios del resto de mi familia pero el comentario de mi abuelito fue el que más me tocó. Él le dijo a mi papá, que la vida era definitivamente corta y que somos temporales en este mundo y que solo Dios sabe porque nos lleva en el momento que él decide; y todo esto lo dijo muy calmado sin rabia alguna. 

¡Qué sorprendente! Yo llorando y sufriendo y mi abuelo, su padre, muy sabio con sus palabras y sus actos. No lo podía creer, este fue un cocacho para mí; una vez más estaba aprendiendo de este hombre tan sabio que ha vivido su vida amando a Dios y confiando en su voluntad. 

Sus palabras me hicieron meditar muchísimo en las cosas que yo he estado viviendo estos últimos meses. Llegué a la conclusión de que muchas veces he dado por concedido toda las cosas buenas que me han pasado, como si fuera algo que mereciera porque sí. Lo que sucede es que he olvidado que todos mis actos tienen consecuencias y a veces actúo sabiendo que no es correcto y espero buenas consecuencias.

Muchas veces olvido y luego cuando me suceden cosas malas o las cosas no salen como las he planeado es porque no he tomado las decisiones correctas o simplemente Dios no quiere que haga ciertas cosas porque tiene algo mejor para mí, aun cuando en ese momento parece imposible que algo bueno venga luego de tanta tristeza. 

Esta vez, una vez más, estoy aprendiendo de mi sabio abuelito. Estoy muy agradecida porque sus palabras me han consolado y me han ayudado a poder cambiar mi actitud frente a esta difícil situación. 

Como alguna vez escuché, nunca dejamos de aprender y a veces tenemos que aprender a cocachos.


Que tengan una bella semana y hasta la próxima.  

Fuente de imagen: http://www.huffingtonpost.es/